Demencia: locura, trastorno de la razón. No pretendo invadir con estas líneas la profesión de nadie, tenemos reputados especialistas en estos temas, pero producto de la contemplación de las acciones y dichos más recientes del oficialismo, he llegado a la conclusión que en casi su totalidad, los voceros del régimen están actuando. Fingen en su mayoría. Otros sin embargo actúan fieles a esta patología. Son dementes. Seguro la padecen.

Es común entre compañeros de trabajo, cuando tienes algo pendiente para tu jefe y no lo está listo a tiempo, que alguien te recomiende –finge demencia- y así puedes hacerte por un rato lo que en criollo decimos –hazte el loco-.

Nuestro país padece una crisis de poderes públicos en exceso obvia, evidente. Pública y notoria. Ello obligó a la Asamblea Nacional a debatir el asunto en su plenaria. Sobran las razones para denunciar el atropello del cual es objeto uno de los poderes públicos más legítimos que existen en cualquier democracia, el Parlamento.

Las elecciones parlamentarias fueron rodeadas de centenares de amenazas por parte del oficialismo sobre lo catastrófico de su verificación. Votar equivalía para el lenguaje oficial acabar con la Nación. Ese día, el 6 de diciembre, si ganaba la oposición, los mares se retirarían de nuestras costas y los turpiales se blanquearían de tristeza. Nada de eso pasó. Lo que sucedió y que algunos quieren obviar –fingiendo demencia- es que se produjo la expresión libre de la ciudadanía, que no se hizo eco de las amenazas y las coacciones de las cuales fue objeto.

No llegaron bombarderos, ni barcos de guerra imperiales a mancillar el honor patrio. No hermanos, la gente fue pacíficamente y calladitos, a gritar los más duro que pudieron y descargar toda ese energía sobre los tarjetones. Y eso ¿cómo para qué? Para mandarle un mensaje directo al estamento gobernante de su hastío y agotamiento.

La crisis económica es real. Es padecida a esta hora por los huesos de los ciudadanos, porque ya la “carnita” les ha ido mermando. La crisis es desespero, ahogo. Los venezolanos la están pasando muy mal. Lo que se impone con urgencia es dejarse de hacer el loco y atender un clamor creciente. Insistir que la crisis humana de nuestro pueblo es producto de una guerra mediática, ya no es fingir, es estar en la otra categoría.

Los fallecidos por falta de insumos médicos básicos, son de verdad. Los que entregan su vida a la eternidad por comida, son de verdad. Existen. Los neonatos y las parturientas que mueren a diario, son de verdad. Esta tragedia tiene que encontrar en los hombres y las mujeres de este país una respuesta que imponga una parada en seco a semejante oprobio.
La dirigencia política se pone nuevamente a prueba, los representantes de la Unidad Democrática, creemos en un diálogo nacional transparente. No en comisiones de la verdad palaciegas. O en mediaciones sesgadas. Proponemos una ruta democrática representada en el Referendo Revocatorio Presidencial. Exigimos el respeto más básico que los Poderes Públicos derivados de la Asamblea, le deben a la misma. Nada de sumisiones, esa la requieren otros que no saben lidiar de otra forma con el poder.

El país reclama con urgencia caminos de paz. ¿Qué ganamos con más sufrimiento? Nada. ¿Quién se beneficiará en un país que está creando una generación de ciudadanos frustrados y traumatizados? Nadie. No es olla. No es guerra mediática. Es realidad pura y dura, la cual debemos asumir con mucha responsabilidad e inteligencia. Pasemos al siguiente capítulo con los dementes recluidos en un lugar seguro donde puedan ser tratados dignamente y los que quedemos, unámonos para responder al reto del momento.