Nunca es tarde para aprender cosas nuevas. Hace un par de días tuve la oportunidad de asistir a una exposición sobre nuestra situación de entorno país. El foco y centro de lo visto, estaba en el tema petrolero venezolano y nuestra situación en este mercado. Agradezco la infinita cortesía de nuestros anfitriones, complementada con una brillante e inteligente exposición. Mis respetos.

De muchacho solía visitar con frecuencia una pequeña parcela de terreno propiedad de mi padre, cercana a mí casa en Caracas. Para llegar allí, era necesario pasar por un costado a la entrada de la carretera hacia Turgua, en la zona rural del Municipio El Hatillo del Estado Miranda. En esa zona habían fincas y explotaciones agrícolas, casas y residencias de descanso, alguna tiene historia. En una de ellas, me decían siempre, se habían promovido muchos encuentros orientados a la fundación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo –OPEP-.

Siendo un venezolano –Don Juan Pablo Pérez Alfonzo- a quien se le conoce como el “Padre de la OPEP”, no es de extrañar que hablar de exploración, pozos, barriles y exportación de petróleo, sea un tema que maneje mayoritariamente el pueblo venezolano. Todos –consciente o inconscientemente- sabemos, que es de ese maná de la tierra de donde la arepa toma su mejor o peor forma. Redonda o cuadrada. Todo depende del movimiento del mercado y sus precios.

La historia de resultados en desarrollo interno en los pueblos de los países productores de petróleo, es variada. Algunos de ellos lograron alcanzar niveles óptimos de crecimiento y han podido consolidar sociedades mejor asentadas. En su día usaron este hidrocarburo como palanca para el desarrollo, la educación, la ciencia y la innovación. Pivote para el desarrollo industrial. Otros, fieles a su producto estrella, tomaron las precauciones del caso y han sido ahorrativos para los tiempos de precios bajos. Después de las distintas experiencias de cada uno de los productores de petróleo y agotadas todas las posibilidades para la desventura y la inercia bobalicona, viene nuestro caso. El criollo. Viene la casta actual que mal administra nuestro recurso vital.

Antes de la llegada de la revolución bonita, debemos recordar los venezolanos que también teníamos petróleo. No fue que llegó un salvador a lomo de un meteorito e hizo estallar de la nada, grandes y generosos orificios terrestres de donde manaba sin cesar un líquido negro más bravo que el oro mismo. Como estábamos –con las fallas propias de cualquier sociedad- se satisfacían más y mejor las necesidades públicas. Sólo basta mirar estadísticas duras. Y en todo caso, no faltaba nunca en ninguna casa, harina para las arepas. No hablemos de las medicinas, de la atención médica, de los hallazgos en materia de salud, de los avances en el parque industrial, etc. Venezuela estaba en el mapa, eso en innegable. Duélale a quien le duela.

¿Cuál es nuestra posición hoy en este tablero, achatado en los polos y abultado en el ecuador?. Sencillo. No estamos. No contamos. Toda la arenga de la promoción del mundo multipolar, se desvaneció. Se desinflaron las bombas de la piñata y las guirnaldas lucen decoloradas. Se empeñó un irresponsable en aliarnos con los parias del planeta. Sus mejores amigos, se convirtieron rápidamente en los enemigos del mundo entero. La osadía llegó tan lejos en querer terciar desde nuestra pequeña gran Venezuela, en un conflicto de miles de años de historia y rabia, que medio mundo no comprende. Lo peor no es eso. Es la reincidencia. Viendo como se mueve el globo, nuestros gestores insisten en las mismas malas juntas. Protegen a los enemigos globales y los denominan hermanos, pero cada vez que pueden, salen en “volandillas” a rogarle a los “socios de la OPEP” que bajemos la producción, que urge controlar los precios, etc. Ni socios. Ni amigos. Viejos conocidos de un cartel que ya no está en la jugada.

Dentro de la OPEP, están dos grupos de países miembros, a saber: Los Halcones (los que defienden precios); y El Consejo de Cooperación del Golfo (los que defienden mercado). Nosotros estamos en el primero grupo. Con las alas rotas y sin poder coger vuelo, estamos desdibujados y ausentes de cualquier rol protagónico en el mercado del crudo. La voracidad fiscal y la capacidad de morder directo en la yugular de los ingresos petroleros para tomarlos todos y despilfarrarlos, nos trajo hoy a donde estamos. Atrasados en inversión para la producción y mantenimiento de nuestra planta física. La industria parece hoy un viejo Malibú Classic de línea de taxi del interior, desvencijado y emparchado.

Pero seguimos siendo Halcones, lo que pasa es que estamos en el firmamento jugando un triste papel, ya no cazamos a lo grande. Sólo nos mueve la sed de dólares para una insaciable y voraz garganta fiscal que los engulle con rapidez y sin piedad. Se nos ven las costuras. No ahorramos nada. Lo gastamos todo. Las consecuencias del manirrotismo oficial, las estamos pagando hoy todos por igual, bajo el siniestro formato de una crisis económica hambreadora e inhumana. Lambisconamente estamos al acecho, pero por ahora, sólo carroña.