Reza una vieja conseja popular –y de abuelita- que levantarse temprano y empezar los deberes diarios es recompensado con la ayuda de Dios. Con ese espíritu, un grupo de jóvenes voluntarios que trabajaron sin descanso muchas horas, entregaron en la sede del CNE ubicada en el sector Filas de Mariches de Caracas, las cajas con las firmas.

La experiencia de entregar las firmas, tengo la suerte de poderla contar en primera persona –no porque fuera yo uno de esos jóvenes- sino porque me correspondió acompañarlos por una graciosa casualidad, que hoy agradezco.

El periplo comenzó muy temprano, cargando el vehículo de transporte –el camioncito como cariñosamente lo llama el Diputado Cabello– con las cajas, las cuales fueron perfectamente ordenadas y tratadas con mucho cuidado. La razón no fue solo su contenido, sino que cada una de ellas, representaba la impronta de miles de ciudadanos, y de horas de trabajo voluntario de mas 600 muchachos y muchachas que con alegría y dedicación, confeccionaron milimétricamente cada sobre.

Dicen que los madrugamos. Así fue. Llevamos las firmas de la voluntad de casi dos millones a las puertas del CNE, ante el rostro incrédulo de agentes de la GNB y la negación de algunos funcionarios. Se cuenta fácil, pero no fue del todo así. El riesgo fue muy alto. La cerrazón de las autoridades no se hizo esperar. Durante varios minutos –largos y eternos 45 minutos- esperamos en la calle por una respuesta oficial. Tomando el  riesgo que eso supone en las inmediaciones de la Plaza Caracas, donde actúan impunemente bandas armadas afectas al oficialismo, que con genuino fascimo, amendrentan cualquier expresión contraria a su colorada visión.

Pasado ese tiempo y acompañados sin duda de quien favorece al madrugador, nos indicaron que debíamos atravesar toda la ciudad, desde el centro hasta Filas de Mariches, a unas instalaciones tipo cuartel que tiene el Poder Electoral en esa zona. Digo tipo cuartel, porque así son. El Poder Electoral, que está llamado a ser uno de los poderes más civiles donde los haya, está militarizado y dirigido en estos espacios –mayoritariamente-, por personal militar activo, algunos y otros en situación de retiro. Pero las formas castrenses dominan sin duda un proceso que es eminentemente civil. Cosa mala esta para una democracia, distorsión que está en la lista de cosas por corregir en un futuro próximo.

Mucho nerviosismo, requisas y caras largas por parte de los jefes. Pero a la vez, muchas sonrisas cómplices. La procesión va por dentro. A nadie le gusta el maltrato al prójimo y en nuestra Venezuela menos. Somos así. Solidarios.

Finalmente, queda en las manos del Poder Electoral dar una respuesta seria a la solicitud presentada, la población quiere drenar sus angustias en paz. Quieren gritar en el silencio y la tranquilidad del voto. Menudo chance  que un pueblo generoso le da a un régimen que no se lo merece. Negarle esa posibilidad es un absurdo que todos los sondeos indican que no le dejará otra salida al bravo pueblo, que romper cadenas y decir nuevamente: Que muera la opresión. No una persona en particular, sino la opresión. Tal como se dice en nuestro himno nacional.